La democracia que tenemos: lecciones de los Consejos de Juventud en Colombia

Diana Dajer Gerente de Democracia, Fundación Corona
Camilo Recio Líder de Incidencia, Fundación Corona
Introducción
En enero de 2026 se posesionaron los nuevos Consejos Municipales y Locales de Juventud en Colombia, elegidos en octubre de 2025 por jóvenes entre 14 y 28 años de todo el territorio nacional. Este relevo no solo inaugura un nuevo ciclo de incidencia juvenil, también ofrece una ventana para leer la democracia colombiana desde dos ángulos complementarios que son analizados en este artículo: su diseño y engranaje institucional como termómetro de la democracia participativa en Colombia, y los resultados electorales como reflejo de la democracia representativa en clave juvenil. Con base en ese doble análisis, el artículo reconoce los principales aciertos y desafíos de esta figura y la sitúa como un caso de estudio sobre la democracia participativa y representativa en Colombia.
Metodológicamente, el contiene los resultados de un estudio de caso sobre los Consejos de Juventud en Colombia a nivel nacional y local, con un enfoque de métodos mixtos que combina evidencia cuantitativa y cualitativa. En el plano cuantitativo, se examinan los resultados electorales de 2021 y 2025. En el plano cualitativo, se revisan las disposiciones legales que contienen la arquitectura institucional de esta figura, así como diagnósticos nacionales y locales sobre el Sistema Nacional de Juventud y los Consejos Municipales y Locales de Juventud, y las condiciones habilitantes para la participación juvenil en Colombia, complementado con literatura reciente sobre participación y democracia.
El análisis realizado muestra que los Consejos de Juventud permiten leer una tensión central de la democracia colombiana. Por un lado, su arquitectura institucional confirma que la democracia participativa en el país cuenta con una apuesta normativa amplia, sustentada en múltiples instancias. Sin embargo, también evidencia que la existencia de la arquitectura no garantiza por sí misma su efectividad, la cual depende de capacidades locales desiguales y de condiciones reales de incidencia. Por otro lado, en materia de democracia representativa, el balance electoral evidencia señales de consolidación desigual del mecanismo a nivel territorial, lo que revela brechas persistentes y condiciones diferenciadas para ejercer el voto.
El texto se organiza en cuatro secciones. Luego de esta introducción, el siguiente aparte analiza la arquitectura institucional, estructura y funciones de los Consejos de Juventud y lo que revela sobre la democracia participativa en Colombia. A continuación, se presenta un balance electoral de las últimas dos elecciones a los Consejos de Juventud y lo que los datos reflejan sobre la democracia representativa en clave juvenil. El texto finaliza con una conclusión que sitúa a los Consejos como caso de estudio para entender los retos y oportunidades de la democracia en Colombia y fortalecerla a futuro.
Los Consejos de juventud desde su arquitectura institucional y la democracia participativa en Colombia
Esta sección analiza la arquitectura institucional de los Consejos de Juventud para responder qué reflejan sobre la democracia participativa en Colombia. Un primer apartado reconstruye su origen normativo y desarrollo institucional, desde su primer reconocimiento legal hasta ajustes más recientes al Sistema Nacional de Juventudes, para mostrar de qué forma esta figura expresa la búsqueda de canales estables de representación, interlocución e incidencia juvenil. Luego, examina su estructura, composición y principales funciones, junto con las condiciones reales de articulación y funcionamiento. En función de ambos segmentos, se propone una lectura crítica de los Consejos de Juventud como una expresión de democracia participativa que cuenta con una arquitectura amplia, pero que está atravesada por brechas de participación real para la juventud.
Origen y arquitectura institucional
Los Consejos de Juventud no nacieron como una concesión espontánea a las juventudes, sino como el resultado, todavía incompleto, pero en consolidación, de una demanda de la juventud por contar con espacios estables de interlocución, representación e incidencia. Su primer reconocimiento formal a nivel nacional se dio con la Ley 375 de 1997, conocida como la Ley de la Juventud en Colombia, que los creó como organismos orientados, sobre todo, a la interlocución de la juventud con la administración pública en asuntos de su interés. Antes de esa consagración legal, Medellín había ensayado este camino con un Acuerdo Municipal en 1994 que promovía un Consejo Municipal de Juventud y mostraba cómo, antes de convertirse en Ley Nacional, ya había expresiones previas de la importancia de estos escenarios para la democracia (Abad, 2002).
Con el Estatuto de Ciudadanía Juvenil (Ley 1622 de 2013), la figura dejó de ser apenas un mecanismo previsto en un nivel legal, para integrarse dentro de una apuesta más amplia de política pública por reconocer a las juventudes como sujetos de ciudadanía, con agendas propias y con derecho a incidir en la gestión pública. Los Consejos de Juventud quedaron definidos entonces como mecanismos autónomos de participación, concertación, vigilancia y control de la gestión pública, así como instancias de interlocución entre las juventudes y la institucionalidad territorial. Más tarde, con la Ley 1885 de 2018 se ajustó la operación del sistema y se fortaleció el engranaje del Sistema Nacional de Juventudes y del Subsistema de Participación Juvenil, creando mejores condiciones para su puesta en marcha electoral y para su articulación con otros niveles e instancias.
En este marco, los Consejos de Juventud son parte de la infraestructura democrática, son un canal formal para que la participación juvenil no se agote en la protesta espontánea o la consulta ocasional, sino que pueda canalizarse y aspirar a volverse incidencia sostenida (al menos en su concepción y diseño). En esta línea, luego de algunos casos de elecciones locales en lugares como Medellín y Bogotá, la primera activación oficial del mecanismo a nivel nacional, para proceder a una elección de dichos consejos en todo el territorio, tuvo lugar en el año 2021, luego de un proceso de estallido social liderado por la población joven.
La experiencia temprana de Medellín, vista en perspectiva, resulta especialmente útil porque anticipa varios de los desafíos que siguen presentes hoy. El estudio de Abad (2002), muestra que, aunque ese primer experimento abrió espacios de representación relevantes, también generó expectativas que luego se frustraron por factores como el poder decisorio inefectivo, la baja visibilidad entre la juventud y los altos niveles de ausentismo, entre otros. Lo que ahí sucedió, hace más de dos décadas, no es un accidente aislado, es una señal temprana de algo más estructural: la distancia entre crear una instancia y hacerla funcionar efectivamente.
Los Consejos de Juventud, como una apuesta de democracia participativa que genera interlocución entre la juventud y las instituciones, adquieren todavía más relevancia cuando se los pone en relación con el vínculo actual entre juventudes e instituciones democráticas. Los resultados más recientes del Estudio Jóvenes en Sociedad (Cifras & Conceptos et al, 2026) revelan una relación ambivalente, e incluso frágil con la democracia. Así, solo un 37% de la juventud cree que la democracia genera resultados, un 32% que es el mejor sistema, y solo el 20% se declara satisfecha con cómo funciona. Por otro lado, la misma encuesta revela que un tercio de la juventud piensa que la democracia solo les sirve a los políticos y un quinto que se suscribe únicamente a votar en elecciones. Esto, junto con niveles de confianza inferiores al 50% para gobiernos, congreso y partidos políticos, en conjunto con el sentimiento de que sus opiniones no interesan, refleja un descontento y frustración frente a las instituciones y canales formales de participación. De hecho, solo un quinto respondió haber participado en espacios promovidos por el gobierno nacional o local en el último año. En este contexto, activar los Consejos ha sido, en parte, un intento por cerrar una brecha de legitimidad en la participación juvenil y hacer disponibles mecanismos más estables de participación democrática.
Lo que este recorrido por el origen y la arquitectura de los Consejos muestra sobre la democracia participativa en Colombia es, en el fondo, una tensión más amplia. Por un lado, el país tiene diversos y sofisticados referentes normativos de participación: produce mecanismos, diseña instancias y multiplica canales. Por otro, las dificultades de participación no suelen estar en la inexistencia de formas, sino en la debilidad de las condiciones que las vuelven efectivas. Hay arquitectura, pero falta tracción. Hay normas escritas, pero no respuesta institucional efectiva o condiciones territoriales suficientes para hacerlas realidad. Como lo explica García Villegas (2009), no basta con que exista la disposición legal; el problema aparece cuando la arquitectura no logra traducirse en cumplimiento, prácticas, capacidades y autoridad efectiva. La democracia participativa en Colombia abre puertas, pero no necesariamente despeja el pasillo para lo que viene después. Reconoce a las juventudes como interlocutor, pero no resuelve plenamente las brechas que les permitirían participar de forma efectiva en una institucionalidad compleja y en un contexto con tantas dificultades.

Estructura y funciones
La estructura de los Consejos de Juventud refleja esa ambición institucional. En su base están los Consejos Municipales y Locales, elegidos mediante voto popular y directo por jóvenes (14–28 años). Su composición es impar y varía según la densidad poblacional, entre siete y diecisiete miembros. La arquitectura electoral busca distribuir la representación entre listas de jóvenes independientes, procesos y prácticas organizativas juveniles, y partidos o movimientos políticos. A partir de esa base se conforman posteriormente los Consejos Distritales, Departamentales y el Consejo Nacional de Juventud. La idea de fondo es construir un sistema de representación juvenil que vaya desde los territorios hasta el nivel nacional, sin perder del todo el vínculo con las agendas locales.
Los Consejos son mecanismos de participación democrática con funciones centradas en la interlocución, concertación, vigilancia y control de la gestión pública. En la práctica, el listado de funciones de consejeros y consejeras asciende a 17, aumentando la complejidad del entendimiento de su rol y la defensa de sus agendas con autoridades institucionales. Esas agendas, a su vez, son entendidas como instrumentos para canalizar necesidades y propuestas sobre los contextos juveniles de modo que se puedan traducir como insumos para los gobiernos territoriales y el gobierno nacional. La complejidad y expectativas del rol desafían la efectividad del ejercicio de representación juvenil. Esto ha sido documentado por Mesa, Méndez y Camelo (2024), en términos de los factores personales, institucionales, colectivos y contextuales que limitan el ejercicio del liderazgo en los consejos en Bogotá, lo cual no es ajeno a otros contextos territoriales (Leyton, 2024).
Aquí aparece una tensión decisiva: aunque se eligen por voto popular, los Consejos de Juventud no son corporaciones públicas en el mismo sentido que un concejo municipal o una asamblea departamental. No gobiernan, no ejercen poder político directo y sus miembros no son servidores públicos. Legalmente, son mecanismos de participación democrática orientados a configurar las agendas de la juventud. Esta diferencia, que parece técnica, es profundamente política, porque se espera de las y los consejeros incidir, sin otorgarles plenamente capacidad decisoria; se les reconoce legitimidad, pero no siempre son herramientas suficientes para traducirla en resultados. De este fenómeno se deriva buena parte de la frustración posterior.
En la práctica, el funcionamiento efectivo de los Consejos depende en gran medida del acompañamiento institucional territorial. El problema es que ese soporte no existe con la misma densidad en todo el país. Al hacer un balance del ciclo 2021-2025, Fundación Colombia 2050 & Asocapitales (2025) encontraron que muchos municipios siguen operando sin una secretaría o coordinación de juventud robusta; donde existe, es con frecuencia una dependencia con escaso presupuesto o personal. El contraste entre ciudades capitales, intermedias y municipios rurales no es solo una percepción, sino una expresión de capacidades estatales distintas. Esto sumado a la falta de condiciones para el desarrollo de competencias de liderazgo suficientes para el ejercicio de consejeros, compite además con sostener la vida cotidiana de estudio, trabajo o cuidado de los jóvenes (Mesa, et al, 2024; Leyton, 2024), lo que dificulta la efectividad de su rol.
¿Qué muestra esto sobre la democracia en Colombia? Algo incómodo, pero útil. Una democracia normativamente sofisticada, pero operativamente desigual. La existencia de mecanismos, pero no siempre la capacidad de sostenerlos. La existencia de instancias que convocan, pero que no responden con la efectividad que se espera.
Balance electoral de los Consejos de Juventud
Esta sección presenta y analiza los resultados de las dos elecciones nacionales más recientes a los Consejos Municipales y Locales de Juventud (2021 y 2025) para responder qué nos dicen sobre la democracia representativa en Colombia en clave juvenil. El primer apartado ofrece una lectura descriptiva de los principales indicadores comparables, como participación y distribución del voto por tipo de listas. El siguiente interpreta los datos y propone conclusiones a partir de diversos hallazgos, como las señales de consolidación del mecanismo con persistencia de brechas territoriales, barreras de acceso y riesgos que inciden en la igualdad efectiva para elegir y ser elegido.
El termómetro electoral de los Consejos Municipales de Juventud
Antes de las elecciones nacionales de 2021, ya existían experiencias locales de elección de representación juvenil en los Consejos de Juventud. En Bogotá, por ejemplo, la MOE observó las elecciones de Consejos Locales de Juventud de 2008 (tercera elección de 184 consejeros locales), como un proceso orientado a representar intereses juveniles ante instancias distritales (MOE, 2008). Este antecedente permite ubicar las elecciones nacionales de 2021 y 2025 dentro de una trayectoria más larga de ensayos y ajustes del mecanismo a nivel local.
Según datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil (2021, 2025a, 2025b, 2025c), entre 2021 y 2025, los Consejos de Juventud muestran diversos cambios. En primer lugar, como una muestra de la caída del bono demográfico en Colombia, el censo electoral pasó de 12.282.273 jóvenes habilitados en 2021 a 11.702.436 en 2025. No obstante, el número de votos aumentó de 1.279.961 en 2021 a 1.500.444 en 2025, lo que equivale a pasar de 10,42% del censo electoral en 2021 a 12,81% en 2025. Por su parte, los votos nulos se redujeron de 23,11% en 2021 a 1,98% en 2025.
Ahora bien, de acuerdo con las referencias citadas, las candidaturas registradas pasaron de 41.792 en 2021 a 45.183 en 2025, mientras que las candidaturas elegidas fueron 10.837 en 2021 y 11.012 en 2025. En 2021, además, el reparto de votos por sector fue el siguiente: partidos y movimientos políticos 523.110 (40,87%), listas independientes 269.613 (21,06%) y procesos y prácticas organizativas 134.860 (10,54%). En 2025, el reparto fue: partidos y movimientos políticos 780.185 (53,35%), listas independientes 411.679 (28,15%) y procesos y prácticas organizativas 270.398 (18,49%).
Los informes de observación electoral de la MOE también reportan condiciones relevantes para el proceso. En 2021, además de registrar una baja afluencia en los puestos de votación y un porcentaje atípicamente alto de votos nulos, la MOE (2021a y 2021b) llamó la atención sobre la necesidad de fortalecer la pedagogía electoral y ajustar el diseño del tarjetón; asimismo, documentó dificultades operativas asociadas al procedimiento de votación de jóvenes entre 14 y 17 años. Para 2025, la MOE (2025b) documentó riesgos asociados a violencia y amenazas contra candidaturas en algunos territorios y reiteró desafíos de pedagogía electoral, voto informado y formación de testigos electorales, especialmente para listas independientes y de procesos y prácticas juveniles.
A partir de estos datos, las elecciones de 2021 se pueden leer como un punto de partida frente a la consolidación del mecanismo a nivel nacional, con algunos retos de diseño y apropiación del procedimiento electoral, como el alto voto nulo. En contraste, para 2025, la disminución del voto nulo está asociada, entre otros factores, al rediseño de la tarjeta electoral y a mejoras operativas del proceso. Igualmente, destaca el papel de la Registraduría y de organizaciones de la sociedad civil en pedagogía e información electoral como un soporte clave para el voto juvenil. En conjunto, esto refuerza la idea de una consolidación gradual del mecanismo basada en aprendizajes acumulados, aunque con retos persistentes de participación, equidad territorial y condiciones para competir.
¿Qué revelan los datos sobre la democracia representativa?
Las elecciones de Consejos de Juventud permiten observar cómo ha evolucionado en el tiempo esta figura y lo que muestra sobre la democracia colombiana. Así, los resultados permiten indicar que la representación juvenil no aparece como un evento aislado, sino como un proceso que se ensaya, se corrige y se institucionaliza con aprendizajes acumulados. A continuación, se integran los principales hallazgos a la luz de los datos consolidados en la sección anterior.
Primero, hay señales de consolidación del mecanismo, pero con legitimidad todavía limitada por el alcance electoral. Entre 2021 y 2025, pese a la reducción del censo electoral juvenil, aumentó el número de votos y también la participación como porcentaje del censo. Este crecimiento es especialmente relevante porque 2025 no estuvo mediado por un entorno de protestas juveniles masivas como el ciclo previo, caracterizado por el estallido social de 2021 en Colombia. Esto sugiere que el mecanismo empieza a sostenerse más allá de coyunturas de movilización. Aun así, la mayoría de personas jóvenes habilitadas no vota, un reflejo de la alta abstención electoral en Colombia, de alrededor del 50%.
Segundo, la reducción drástica del voto nulo sugiere mejoras reales en la “calidad” del voto y en la operatividad del proceso, pero también confirma que el diseño institucional importa. En 2021, la proporción de voto nulo fue excepcionalmente alta. En 2025, el voto nulo cayó a 1,98% y la MOE asocia esta mejora, entre otros factores, al rediseño de la tarjeta electoral y a ajustes operativos del proceso. En términos de lo que estos datos muestran sobre la democracia representativa en Colombia, esta caída indica que cuando el procedimiento se entiende y es operable, las preferencias juveniles se convierten con mayor precisión en representación, disminuye la frustración y aumenta la confianza en la regla electoral.
Tercero, las brechas territoriales muestran que la democracia representativa juvenil depende de ecosistemas locales desiguales. Así, donde hay capacidades y acompañamiento, el mecanismo crece, donde no, se estanca o retrocede. Aunque la tendencia nacional es positiva, diversos actores de la sociedad civil como la Fundación Colombia 2050 han identificado una consolidación territorial heterogénea. En 2025, la participación aumentó en 770 municipios, pero disminuyó en cerca de 300 (en rangos de caída entre 10% y 15%), y las grandes ciudades jalonaron el resultado agregado, mientras que a nivel municipal persisten retos serios. Estas diferencias se explican por condiciones estructurales como la brecha digital en zonas rurales y una accesibilidad territorial desigual, dado que la instalación de mesas y puestos se ajusta al tamaño del censo juvenil, lo que puede elevar costos de participación en algunos lugares. A esto se suman riesgos de seguridad. La MOE reportó hechos de violencia y amenazas contra candidaturas en algunos municipios, recordando que la representación también depende de garantías para competir y votar en libertad (MOE, 2025a; MOE, 2025b).
Cuarto, el desempeño de 2025 refuerza una lección de política pública: cuando Registraduría y sociedad civil logran articularse, mejora la información y la experiencia de voto. Así, resalta el trabajo de múltiples actores en pedagogía, comunicaciones y formación. Como ejemplos de esa articulación, se destacan esfuerzos territoriales por fortalecer la participación juvenil liderados por NuestraBarranquilla y Colombia Líder; plataformas tecnológicas que buscan cualificar la participación electoral como Candidateados; y el trabajo sistémico de organizaciones como Fundación Colombia 2050, Foro Nacional por Colombia, Fundación Bolívar Davivienda, Ethos BT, Extituto de Política Abierta, CIVIX Colombia, la Misión de Observación Electoral (MOE), Fundación Mi Sangre, Movilizatorio, Fundación Origen, Fundación Grupo Social, Fundación Smurfit Westrock, NIMD, Profamilia, European Partnership for Democracy (EPD), la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, Youth Democracy Cohort, Asocapitales, Corporación Viva la Ciudadanía y Fundación Corona. Esto muestra que invertir en capacidades cívicas y acceso a información mejora la calidad del voto y puede ampliar participación.
En conjunto, el balance sugiere que los Consejos de Juventud operan como un laboratorio temprano de democracia representativa: registran avances medibles, por ejemplo, en participación y votos válidos, pero también exponen límites estructurales como brechas territoriales y riesgos para la libertad y seguridad del proceso. La trayectoria, desde experiencias locales hasta el ciclo nacional 2021–2025, refuerza que la consolidación no depende únicamente de repetir elecciones, sino de fortalecer las condiciones institucionales y cívicas que hacen que la representación funcione de forma más equitativa y efectiva en todo el territorio nacional.
Conclusión
Este artículo analizó los Consejos de Juventud en Colombia como una ventana para leer la democracia del país. Para ello, examinó la figura desde dos planos complementarios: su origen, arquitectura y funcionamiento, como expresión de la democracia participativa, y sus resultados electorales, como una forma de observar la democracia representativa en clave juvenil. A partir de ese análisis binomial, el texto analizó el diseño institucional de los Consejos y el resultado de las elecciones que los han conformado.
La principal conclusión es que los Consejos de Juventud condensan una tensión central de la democracia colombiana. Por un lado, existe una apuesta normativa amplia: hay leyes, instancias y canales para la participación juvenil. Por otro lado, persiste una brecha entre esa arquitectura y su puesta en marcha. Colombia ha sido capaz de diseñar mecanismos, pero no necesariamente de garantizar condiciones para que funcionen con eficacia. Esto muestra una democracia rica en formas, pero desigual en oportunidades, capacidades y resultados.
En el plano representativo, el balance electoral deja una imagen mixta, pero alentadora. Entre 2021 y 2025 aumentó la participación y cayó drásticamente el voto nulo, lo que sugiere aprendizajes, mejoras de diseño y mayor apropiación del mecanismo. Al mismo tiempo, los datos muestran que su legitimidad sigue siendo parcial por el alto abstencionismo, condiciones desiguales de competencia y consolidación territorial que avanza a distintas velocidades. No todos los municipios ofrecen las mismas garantías ni cuentan con el mismo ecosistema para sostener la participación juvenil.
El valor de estos hallazgos sirve para orientar ajustes de política pública, decisiones institucionales y estrategias de fortalecimiento democrático. Este análisis muestra que consolidar los Consejos no depende solamente de realizar elecciones periódicas, sino también de clarificar el alcance de su rol, fortalecer las competencias de liderazgo de la juventud, asegurar recursos mínimos para su operación, ampliar la pedagogía electoral y crear condiciones de incidencia más efectiva en los territorios. Una labor que, si bien es principalmente del sector público, debe compartirse con el sector privado y la academia para satisfacer las necesidades de los consejeros y consejeras, y reducir las brechas para su ejercicio de liderazgo.
Quedan abiertas oportunidades de profundización en este tema y este artículo es una invitación para comparar mejor distintos territorios y entender por qué algunos Consejos logran resultados más efectivos de participación, hacer seguimiento a la trayectoria de los recién electos consejeros y consejeras, y profundizar en la relación entre participación, desconfianza, y distintas formas de colaboración juvenil. Los Consejos de Juventud son más que una figura normativa, son una expresión de participación que refleja las fortalezas, oportunidades y desafíos de la democracia colombiana. Invertir en esta figura es invertir en la consolidación democrática del país.
Articulo publicado en la Revista de la Fundación Foro Nacional por Colombia 🇨🇴. En su versión digital, gratuita y de acceso abierto: https://foro.org.co/revista-foro/