Del algoritmo al voto: ¿cómo proteger la
democracia en la era de la IA?

Diana Dajer, gerente de Democracia en Fundación Corona.
El pasado 28 de julio, MinCiencias radicó un nuevo proyecto de ley para regular la inteligencia artificial (IA) en Colombia. El proyecto representa un avance, no exento de retos, en la protección de derechos fundamentales. Con esta propuesta, ya son más de diez las iniciativas legislativas sobre IA que están en trámite actualmente en el Congreso, pero ninguna ha puesto en el centro la defensa de la democracia y de los procesos electorales.
¿Y la democracia? En medio del boom regulatorio sobre IA, nadie parece estar hablando de ella. Mientras el Congreso acumula proyectos de ley para regular esta tecnología, la IA ya está transformando la forma como se hace política: cómo nos informamos, cómo participamos y cómo decidimos. Ignorar ese impacto en el diseño normativo puede dejar desprotegidos pilares esenciales del sistema democrático, como el acceso a información veraz, la igualdad en el debate público y la transparencia en las elecciones.
La democracia no puede ser un daño colateral del avance tecnológico. En este artículo hablaré de los tres principales riesgos que la IA representa para la democracia colombiana y de recomendaciones concretas que podrían incorporarse en el marco normativo y en políticas públicas y acciones complementarias para proteger la democracia. Esto, a partir de diversas fuentes sobre IA en contextos democráticos, como la base de datos sobre regulación de IA en Colombia y América Latina de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, y documentos del Alan Turing Institute, la iniciativa AI + Society de la Universidad de Ottaway, Rest of World y el German Marshall Fund.
1. Desinformación, polarización y manipulación hiperpersonalizada
La inteligencia artificial permite crear y difundir contenido político falso de forma masiva y personalizada. Por ejemplo, en Colombia, durante las elecciones de 2023, circularon audios falsos generados con IA que suplantaban a los candidatos Carlos Fernando Galán y Alejandro Eder. Los audios se movieron rápidamente por redes y chats, afectando la credibilidad de sus campañas y confundiendo al electorado.
La IA permite una microsegmentación política: mensajes diseñados para cada votante según sus intereses y comportamiento digital. Aunque esta técnica no es negativa en sí misma, puede vulnerar derechos fundamentales si se basa en el uso masivo de datos personales sin consentimiento, si incita al odio o si se usa para hacer más efectiva la desinformación.
Casos como el de Cambridge Analytica en el Brexit y las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el 2016 o el uso de deepfakes en las elecciones de India en 2024, muestran cómo la IA puede manipular preferencias individuales a gran escala, erosionando la confianza en el sistema electoral.
En Colombia, la Ley 2502 de 2025 tipificó como agravante penal la suplantación mediante IA y ordenó crear una política pública intersectorial para abordar sus riesgos. Pero aún falta mucho por hacer y algunas medidas deben ir más allá de lo normativo, como por ejemplo:
Exigir que todo contenido político generado con IA esté claramente etiquetado.
Promover la transparencia en el uso de algoritmos de segmentación electoral.
Fortalecer las capacidades de la Registraduría y el Consejo Nacional Electoral para monitorear y sancionar el uso indebido de IA.
2. Ataques a la infraestructura electoral con IA
La inteligencia artificial también puede ser usada para atacar los sistemas que sostienen nuestras elecciones: bases de datos de votantes, páginas web oficiales, plataformas de registro y sistemas de transmisión de resultados. Así, por ejemplo, según el Brennan Center for Justice, la IA puede simular ataques de denegación de servicio, manipular interfaces de usuario y generar contenido falso que imite comunicaciones oficiales. Estos ataques pueden generar confusión y desconfianza en el proceso electoral; igualmente, en contextos de alta polarización, pueden alimentar narrativas de fraude.
Ya hay ejemplos concretos. En las elecciones de Estados Unidos en 2024, se reportaron mensajes falsos enviados por IA que decían a votantes en estados clave que ya habían votado o que su registro había sido cancelado. Estos mensajes buscaban confundir y desincentivar la participación electoral. En el Reino Unido, en 2023, un ciberataque a la Comisión Electoral