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What stories do we tell ourselves to transform the future?



Escrito por: Daniel Uribe - Director Ejecutivo, Fundación Corona


Desde muy pequeños y a lo largo de la vida, estamos expuestos a cuentos, historias y narrativas que moldean nuestra identidad, nuestra percepción de la realidad y nuestra manera de comprender la sociedad y los sistemas en los que vivimos inmersos.


En el mundo actual, hiperconectado, acelerado y a menudo lleno de desesperanza, los problemas complejos requieren una visión a largo plazo. Se necesita un cambio en la mentalidad y el comportamiento para transformar las relaciones de poder y nuestra perspectiva del futuro. Es aquí donde debemos regresar a las bases de las narrativas, para generar cambios positivos, imaginar futuros posibles y modificar las estructuras y comportamientos que abordamos desde la filantropía.


Actualmente, temas tan álgidos como el cambio climático, los conflictos armados alrededor del mundo, la polarización, el temor a la inteligencia artificial y las enfermedades que amenazan nuestra vida, suelen contarnos una historia oscura sobre el futuro. Es difícil ver la luz cuando estamos constantemente bombardeados por información que vaticina lo peor.


Por esta razón, alrededor del mundo miles de organizaciones civiles, así como instituciones públicas y privadas, han unido fuerzas durante las últimas décadas para contrarrestar esa desesperanza que nos lleva a la angustia, desconfianza, apatía e inacción. Lo hacen a través de estrategias de transformación narrativa, visibilizando historias de esperanza donde el futuro sí es posible y compartiendo los relatos de aquellos que, a pesar de las dificultades, insisten en creer, actuar y transformar positivamente su entorno.


Estas estrategias de cambio narrativo proponen reinventar las historias que nos contamos sobre el mundo, con el fin de influir en nuestras creencias y comportamientos. Estas iniciativas se integran con intervenciones que utilizan las ciencias del comportamiento, cuyo auge es cada vez mayor, pues más organizaciones e instituciones están tratando de entender los problemas sociales a través del funcionamiento del cerebro humano, para mejorar la toma de decisiones y el comportamiento individual y colectivo. La transformación de “modelos mentales” y creencias arraigadas también puede abordarse desde un aspecto tan fundamental como el lenguaje. Al entender el lenguaje como una herramienta de cambio y un terreno fértil para construir nuevas narrativas, se han logrado resultados inesperados y poderosos en todo el mundo. Movimientos como #MeToo, que ha impactado profundamente la vida de miles de mujeres víctimas de acoso sexual y ha inspirado películas y series de televisión vistas por millones, o #BlackLivesMatter, que proporcionó un marco narrativo poderoso a las protestas contra la violencia policial hacia la comunidad afroamericana. De igual manera, el movimiento #YoMeQuedoEnCasa promovió los comportamientos de cuidado individual y colectivo durante la pandemia de 2020, ayudando a mitigar los efectos del COVID–19.


La manera de “instalar” estas nuevas historias en la conciencia colectiva es mediante la creación de estrategias de transformación narrativa que logren dos objetivos fundamentales:


Primero, infiltrarse en los discursos tradicionales movilizando los esfuerzos filantrópicos hacia una colaboración cercana con quienes controlan las plataformas que generan los mensajes que consumimos a diario, ya sea a través de los medios de comunicación, las artes, o las conversaciones en espacios públicos y privados. La filantropía debe utilizar su influencia y conexiones para trabajar con periodistas, guionistas, medios, artistas e influenciadores, ya que ellos tienen la capacidad de crear historias cautivadoras, inteligentes y emotivas, capaces de “mover la fibra” para quedarse en la mente de las personas y modelar los comportamientos prosociales que buscamos promover.


También es crucial que la filantropía dirija su enfoque hacia la movilización de estas nuevas narrativas desde las propias comunidades que experimentan los problemas de primera mano. Deben proporcionarse las herramientas necesarias para que ellas mismas, a través de sus lenguajes y elementos culturales, puedan crear historias de cambio que resuenen con su entorno y hablen su mismo idioma.


Además, las estrategias de cambio narrativo deben articular a diversos actores para coordinar esfuerzos sostenibles a largo plazo. Estos procesos requieren tiempo, y difícilmente se logran con campañas de comunicación aisladas o iniciativas individuales.


En Fundación Corona hemos estado aprendiendo e impulsando procesos de transformación narrativa mediante alianzas e iniciativas que buscan cambiar la percepción y las relaciones en torno a las juventudes, el liderazgo y las formas de inversión de recursos. Nuestra apuesta por abordar las problemáticas sociales desde una perspectiva sistémica incluye el uso de estas transformaciones narrativas y los cambios de mentalidad como elementos esenciales para mejorar la calidad de vida e impulsar la movilidad social en Colombia.


A través de iniciativas como GOYN (Global Opportunity Youth Network) Bogotá y GOYN Barranquilla, hemos apoyado un proceso significativo de transformación narrativa enfocado en los jóvenes que no estudian ni trabajan en Colombia. El objetivo es cambiar los modelos mentales existentes sobre ellos, amplificar sus voces y facilitar su acceso a mejores oportunidades de educación y empleo digno.


DE “NINIS” A “JÓVENES CON POTENCIAL”


¿Qué diferencia hay entre llamar “Nini” a una persona joven que no estudia ni trabaja y llamarla “Joven con Potencial” o “Joven Oportunidad”? A simple vista, puede parecer una diferencia menor entre dos expresiones, pero desde la perspectiva de los procesos de cambio narrativo como herramienta para la transformación social, la diferencia es significativa.


Es probable que la palabra "Nini” nos resulte familiar: la hemos visto en titulares de noticias, publicaciones en redes sociales o incluso la hemos escuchado en boca de nuestros familiares. De hecho, muchos de nosotros quizás la utilicemos con frecuencia para referirnos a los jóvenes en Colombia que no estudian ni trabajan.


Parece existir un consenso colectivo sobre lo que significa un “Nini”: una persona joven, posiblemente perezosa, sin mayores ambiciones ni responsabilidades, que pretende conseguir todo en la vida de la manera más fácil. Esta percepción sobre la identidad de los “Ninis” se ha formado a través de un proceso de construcción narrativa: es una historia que hemos escuchado repetidamente hasta que se ha convertido en una creencia popular.


La idea de que los “Ninis” son jóvenes sin futuro y un caso perdido para la sociedad es el “modelo mental” que esta narrativa constante ha creado colectivamente. En cambio, la expresión “Jóvenes con potencial”, asociada a personas entre 14 y 28 años que no estudian ni trabajan o que están en la informalidad, suena como una historia nueva, algo que estamos empezando a escuchar y a descubrir por primera vez.


La realidad es que los datos y la evidencia cuentan una historia muy diferente sobre los jóvenes que no estudian ni trabajan, que representan tres de cada diez en Colombia. Según cifras del Informe Jóvenes con Potencial de GOYN Bogotá, estos hombres y mujeres, entre los 14 y 28 años, son en realidad lo opuesto a lo que se percibe como “Ninis”. Son personas llenas de energía, sueños, y deseos de estudiar, conseguir empleos dignos y emprender negocios, pero carecen de las oportunidades necesarias para hacerlo. En resumen, son jóvenes que aspiran a construir un futuro prometedor e involucrarse en los asuntos públicos para mejorar tanto su calidad de vida como la de sus comunidades, pero el sistema no les proporciona las oportunidades, los canales ni las herramientas para alcanzar sus metas.


Por esta razón, desde nuestro acompañamiento a GOYN, hemos apoyado estrategias de transformación narrativa que buscan trabajar directamente con estos jóvenes, para que sean ellos quienes propongan y generen los mensajes clave sobre su propia identidad. Estos semilleros de jóvenes están creando sus propias historias y difundiéndolas a través de diversos canales, tanto masivos como comunitarios, con el fin de cambiar la representación negativa que la sociedad tiene sobre ellos y enfocar la atención en lo esencial: la colaboración entre actores para ofrecerles más y mejores oportunidades de educación y empleo.


Este trabajo ha partido de una claridad fundamental: las narrativas no son universales, varían según el contexto, y por eso no existe una “fórmula secreta” para el cambio. Es necesario experimentar, probar e iterar hasta pág 52 encontrar los mensajes que mejor se adaptan a la cultura local. En Barranquilla, por ejemplo, se han analizado a fondo sus particularidades, con el fin de enfocar el poder narrativo en la voz y la idiosincrasia de sus “jóvenes con potencial”, fortaleciendo su confianza y convirtiéndolos en creadores y difusores de sus propias historias.


Este esfuerzo de transformación narrativa, que venimos realizando junto con GOYN Bogotá y GOYN Barranquilla desde hace algunos años, ya ha generado resultados concretos. En Bogotá, por ejemplo, nuestra incidencia ha derivado en políticas públicas que ahora se refieren a este grupo como “jóvenes con potencial”. Además, ya existen programas que llevan nombres como “jóvenes con oportunidad”.


Además de este proceso, en la Fundación Corona también estamos impulsando, articulando y coordinando iniciativas similares que promueven nuevas narrativas en temas como el liderazgo público, los esquemas de pago por resultados y la construcción de confianza. Además, observamos a nuestros aliados trabajando en áreas clave para el país, como la economía plateada y la economía regenerativa, entre otros.


Somos conscientes de la importancia de movilizar todos nuestros esfuerzos para seguir transformando el presente y construyendo el futuro de Colombia, una historia a la vez. En este camino de transformación narrativa, seguimos aprendiendo que estos procesos requieren tiempo (varios años) y que es crucial fortalecer nuestra capacidad colectiva para adaptarnos, experimentar y aprender del error, siempre en busca de los mejores resultados. Por ello, invitamos a todos los actores de la filantropía a trabajar de manera colaborativa en estas estrategias de cambio narrativo, sumando esfuerzos, revisando nuestras propias creencias limitantes y fomentando el cambio narrativo también a nivel interno en nuestras organizaciones. Además, es vital que aprendamos a medir el impacto de estos procesos de transformación colectiva.




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