El talento joven puede cerrar la brecha entre empresas y empleo en Colombia
COLUMNA DE OPINIÓN
El talento joven puede
cerrar la brecha entre empresas y empleo en Colombia
Uno de cada dos colombianos que trabajará o buscará trabajo en la próxima década seguirá siendo joven, pero no estamos convirtiendo ese potencial en productividad, competitividad y bienestar para el país.
Según la Alianza para la Inclusión Laboral, por un lado, cerca de 5,2 millones de jóvenes (42%) en Colombia no estudian o acceden a oportunidades formales de generación de ingresos, mientras que el 61% de los empleadores reporta dificultades para encontrar el talento que necesita.

La paradoja es que, al mismo tiempo, faltan oportunidades para los jóvenes y talentos para las empresas.
El análisis más reciente de Goyn Bogotá ayuda a entender dónde está el desafío desde una perspectiva más urbana. La capital concentra cerca del 27% del PIB nacional y constituye uno de los motores productivos del país. Sin embargo, las oportunidades laborales para los jóvenes siguen marcadas por profundas diferencias en la calidad.
Las microempresas representan el 92,8% del tejido empresarial y concentran el 39% del empleo juvenil; sin embargo, cerca de ocho de cada diez jóvenes ocupados en ellas trabajan en la informalidad. En contraste, las grandes empresas, que representan apenas el 0,7% del tejido empresarial, concentran el 35% del empleo juvenil y generan empleo predominantemente formal.
El sector productivo tiene un papel mucho más estratégico que simplemente emplear. Las empresas son quienes conocen de primera mano las habilidades que demanda el mercado y pueden abrir las primeras oportunidades de experiencia laboral.

La buena noticia es que ya existe una base sobre la cual avanzar. En Bogotá, seis de cada diez empresas contrataron jóvenes durante el último año y entre las grandes empresas la cifra alcanza el 96%.
Además, el 60% de las organizaciones afirma que contrata jóvenes porque reconoce en ellos las capacidades y habilidades que requiere, mientras que una proporción similar manifiesta hacerlo para generar oportunidades de inclusión.
También hay señales claras de lo que debe mejorar. Las empresas reportan vacantes sin cubrir, dificultades para encontrar habilidades técnicas, retos para retener talento joven y la tendencia de crear exigencias de experiencia previa incluso para cargos de entrada.
Es posible definir una hoja de ruta concreta para cerrar la brecha
Lo primero es conectar la educación con el futuro del trabajo. No se trata de elegir entre educación académica o formación para el empleo, sino construir trayectorias más flexibles, pertinentes y conectadas.
Necesitamos fortalecer la educación media, ampliar las oportunidades de formación técnica y tecnológica, incorporar experiencias prácticas desde etapas tempranas y acercar a las empresas a los procesos formativos.
Lo segundo es construir un sistema de empleo que genere incentivos efectivos para la contratación juvenil. La experiencia laboral sigue siendo una de las principales barreras para entrar al mercado de trabajo. Pedimos experiencia para acceder al primer empleo y luego nos preguntamos por qué tantos jóvenes permanecen desconectados.
Romper este círculo exige ampliar las rutas de aprendizaje en el trabajo, fortalecer los programas de prácticas y formación dual, promover modelos de primer empleo y facilitar mecanismos que reduzcan el riesgo percibido por las empresas al vincular talento joven, al mismo tiempo que agregan valor a su productividad.
Lo tercero es fortalecer la intermediación laboral. La evidencia muestra que tanto jóvenes como empresas siguen dependiendo principalmente de contactos personales para encontrar oportunidades. Aunque menos que en el resto del país, en Bogotá las recomendaciones siguen siendo el principal mecanismo de reclutamiento empresarial y más de la mitad de los jóvenes consigue empleo a través de familiares o amigos. Esto significa que el acceso a una oportunidad continúa dependiendo del capital social y muy poco del mérito o de los sistemas institucionales de conexión entre oferta y demanda laboral.

Finalmente, se debe financiar lo que funciona. Durante años hemos invertido recursos públicos y privados en programas de empleo, educación y formación. Por eso resulta fundamental avanzar en la consolidación y uso de mecanismos que financien resultados de empleo y no solamente actividades.
La discusión no es si debemos invertir en juventud. La verdadera pregunta es cómo lo haremos con los incentivos, la velocidad, la escala y la colaboración que se requieren para aprovechar el cierre del bono demográfico joven.
Este contenido fue tomado de La Silla Vacía. Puedes consultarlo haciendo clic aquí.